El hombre y las sillas

(12/12/2004)

Decir que se puede calificar al hombre por el tipo de silla que compra no parece la forma más indicada para tratar este tema.
Convengamos de todas formas, que no es una decisión caprichosa la compra de una silla.
Si alguna vez estuvieron envueltos en esta tarea, sabrán como yo, que no es fácil.
A esta altura señor ( o señora porque no) lector, imagino que esta pensando en lo difícil que debe ser vivir con un tipo como yo, que se preocupa por algo tan vanal como la adquisición de un elemento de comedor y/o cocina.
Se equivoca, ( y aquí usted pensara: “claro ahora es fundamental comprar un silla?”).Si, y le voy a decir porque.
Imagínese por un instante, que llega a su casa cansado de trabajar las esclavas nueve horas o mas por el magro salario que todos percibimos. Agréguele a esto, la hora de transporte entre su casa y el trabajo , que si esta de suerte es solo una hora, apilado con el resto de los mortales, peleando por un centímetro cúbico más de espacio en un micro o tren que por supuesto no tiene aire acondicionado.
Ahora con todo ese panorama, sumado a que cuando bajó de su medio de transporte, le robaron la billetera y un perro lo estuvo siguiendo 4 cuadras sin dejar de ladrarle, usted finalmente llega a su casa.
Abre la puerta como siempre, esperando que por lo menos su perro lo venga a recibir, y claro está que nadie se percata de su existencia. Perdón, el perro si.
Acalorado, con los pies hinchados y aprisionados en un par de zapatos desgastados, encara hacia la cocina con la esperanza de sentarse a respirar unos minutos y si es posible ingerir algún liquido virtuoso que tiene escondido detrás del aparador para que no se lo tome su hijo (que a los treinta y cinco años todavía vive con usted porque no se recibió aun).
Es en ese preciso instante que se da cuenta que las sillas de la cocina se asemejan tremendamente a las sillitas del jardín de niños donde iba Jorgito hace treinta años.
Intenta rememorar en que momento y quien decidió cambiar las sillas de la cocina por algo “mas moderno”.
Aquí estimado lector, ya habrá dilucidado que quien realizó la operación “RINNOVARE” usando la jerga policial, ha sido la señora esposa tal vez, y perdón por esto si ofende a alguien, azuzada por los comentarios de su madre (la suya no, la de ella. Y esto siempre es así, no lo niegue le pido por favor).
Estábamos en que notaba que las sillas no eran del tamaño adecuado para alguien de un metro noventa y de gran abdomen. Y es así que recordando los años de casado, y porque no diciendo insistentemente que si la hubiera matado cuando eran novios en estos días ya seria libre,intenta articular algún tipo de argumento con que iniciar una trifulca con su esposa y aclarar el tema de las sillas.
Ahora si esta en un problema. Las sillas fueron probadas y testeadas por su suegra, quien por supuesto no supera el metro cincuenta cuando usa los zapatos de plataforma. Y usted mal agradecido de la vida, se atreve a decir a viva voz que son una porquería. Después del tiempo que le dedico a la selección esa buena mujer?.
Usted es un desalmado.
En esos menesteres “discusioneriles” se encuentra, cuando llega la tan mentada suegra.
Y si, hubiera sido mejor haber hecho lo que pensaba antes, y sobre todo porque su esposa va camino a convertirse en su suegra. Indefectiblemente.
Su camisa a esta altura ya es una de las cataratas del Niágara. Su pantalón le pesa casi tanto como la panza.
“Pero yo solo quería sentarme un rato. ¿No puedo sentarme un rato?”.
Iluso, realmente si usted alguna vez creyó que podría llegar a su casa, sacarse los zapatos, relajarse, prender el televisor y disfrutar de su tiempo…no se hubiera casado.
El parloteo incesante de su esposa que comenta por quincuagésima novena vez con su suegra el final de la novela de las cuatro de la tarde no para de retumbarle en la cabeza.
Se acerca nuevamente al sector mas moderno de la cocina (discúlpeme el tono burlón pero nada seleccionado por mujeres puede llamarse moderno sin ser gracioso), mide la distancia entre los dos seres y la distancia hasta la silla mas cercana y allí nuevamente se percata (¿usted no es muy observador no?), que el material de las sillas cuestionadas es ..... mimbre.
Desiste inmediatamente de la idea de realizar el “sillacidio” soñado y se arroja al sillón que todavía no fue atrapado por la ola renovadora., pero si por el perro que lo lleno de “popo” en un apuro.
¿Me comprende ahora cuando le digo que es importante la compra de un silla?. ¿No hubiera sido otra la situación si las sillas hubieran sido de su tamaño y de hierro fundido?

Hágame caso, acompañe a su mujer a comprar las sillas. Después de todo que puede perder?, ¿SU TRANQUILIDAD?.