La enredadera

(05/12/2004)

Desde que me mude a este departamento que me esta molestando. Encima de tener que soportar este vacío y la soledad que me gané de pronto, tengo que lidiar que la maldita enredadera.
Es igual que Marisa, retorcida, compleja, revolcada.
Porque no puede ser como la cala por ejemplo.
Y es en vano que la trate de enderezar, ella se tuerce adrede y mas que antes. Me mira con sus hojas puntiagudas y los brotes se retuercen de la risa.
Y para colmo el calor que no para. Pero ya me harto, realmente me harto, voy por el machete y esto termina ya.
El cobertizo era un sauna y el machete parecía que se reía mientras me acercaba a buscarlo.
Hasta parecía que la enredadera sabia que iba por ella. De pronto dejo de retorcerse, como Marisa. Peor, ahora si que no se salva.
El machete destelló en el aire y cayó seco sobre la enredadera. Los golpes continuos, salvajes, destrozando las hojas, el tallo las raíces; y el calor.
Y la cara de Marisa-enredadera riéndose de mí. No mas ya nunca mas.
El machete se detuvo cuando solo quedaba un brote apenas asomando sobre la tierra.
Es mejor que me acueste, si , esta no jode mas.
El calor ahora estaba mucho peor. El ventilador miserable de pie en el rincón del cuarto se reía a carcajadas de mí.
Y la soledad que no se despegaba de esta piel que no podía sacarme.

El siseo era apenas perceptible, claro que no lo notó nunca. La enredadera ya le había rodeado el cuello. La enredadera lo asfixiaba hasta morir. ¿La enredadera o Marisa?... ya no importaba en realidad.